Refuerzos positivos: entrenamiento de perros y gatos con premios y felicitaciones

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El refuerzo positivo es la presentación de algo agradable o gratificante inmediatamente después de un comportamiento. Esto hace más probable que el comportamiento se repita en el futuro, y es una de las herramientas más poderosas para moldear o cambiar el comportamiento de su mascota.

Cuando se usa un refuerzo positivo, la sincronización correcta es esencial. La recompensa debe llegar inmediatamente, o su mascota no podrá asociarla con la acción adecuada. Por ejemplo, si logra que su perro esté “sentado” pero lo recompensa cuando ya se levantó de nuevo, pensará que está siendo recompensado por pararse.

También es esencial la consistencia. Todos en la familia deben usar las mismas órdenes. Podría ser útil tener una lista a la vista de todos, de modo que se familiaricen con las órdenes. Las más comunes para perros son “mírame”, “sienta”, “quieto”, “échate”, “bájate” (que significa bájate de mí o bájate de los muebles), “arriba”, “ven”, “junto” (o “vamos” o “conmigo”), “déjalo” y “quieto”. La consistencia significa recompensar siempre el comportamiento deseado y nunca recompensar el comportamiento indeseado.

Para su mascota, el refuerzo positivo puede tener la forma de alimentos, premios, felicitaciones, caricias o un juguete o juego favorito. Las galletas de perro como premio funcionan especialmente bien para entrenar a su perro. El premio debe ser tentador e irresistible para su mascota. Tiene que ser un pedazo muy pequeño y blando de alimento, de modo lo trague inmediatamente y siga buscando más. Si le da algo que tiene que masticar o que se deshace en pedazos y cae en el suelo, estará mirando el piso y no a usted. Los trocitos de galletas comerciales blandas, las salchichas, el queso, un pedazo de pollo o carne o bombones miniatura han demostrado funcionar muy bien. Experimente un poco para ver qué funciona mejor con su mascota. Puede llevar el premio en un bolsillo o en una riñonera. Muchas tiendas de mascotas ofrecen paquetes de galletas especiales. Cada vez que utilice alimento como recompensa, debe asociarlo con una recompensa verbal (felicitación). Diga algo como “buen perro” en un tono de voz feliz y positivo.

Tenga en cuenta: Hay mascotas que no les interesan las galletas de premio. Para esas mascotas, la recompensa puede tener la forma de un juguete o de un juego breve.

Cuando su mascota aprende un nuevo comportamiento, debe ser recompensada cada vez que lo ejecute (refuerzo continuo). Puede que sea necesario usar un “moldeo” con su mascota (reforzar algo cercano a la respuesta deseada y, gradualmente, exigir más de su perro antes de darle el premio). Por ejemplo, si está enseñando a su perro a “dar la pata”, puede recompensarlo inicialmente por levantar la pata del suelo, luego por levantarla más arriba, luego por tocar su mano, luego por permitirle sostener la pata y, finalmente, por darle la pata de verdad.

Una vez que su mascota haya aprendido el comportamiento, puede utilizar el refuerzo intermitente. Al principio, puede recompensarlo con un premio tres de cada cuatro veces, luego después de la mitad de las veces, luego después de un tercio del tiempo, y así sucesivamente, hasta que solo lo recompense con un premio de vez en cuando. Siga felicitándolo todas las veces. Sin embargo, cuando haya aprendido el comportamiento, la felicitación puede ser menos efusivo: un “buen perro” tranquilo, pero positivo. Utilice un esquema variable de refuerzos, para que no se dé cuenta de que solo tiene que responder una vez sí y otra no. Su mascota aprenderá que, si sigue respondiendo, finalmente obtendrá lo que quiere. Si tiene un perro que ladra hasta que lo recompensa prestándole su atención, habrá visto el poder del refuerzo intermitente.

Cuando comprenda el refuerzo, verá que no está obligado a llevar premios en el bolsillo para siempre. Muy pronto, su mascota estará trabajando para que lo felicite de forma verbal, porque lo que quiere realmente es complacerlo… Y sabe que, de vez en cuando, también recibirá un premio. Hay muchas pequeñas oportunidades para reforzar su comportamiento. Puede lograr que obedezca el “sienta” antes de dejarlo salir por la puerta (ayuda a evitar que salga a la calle), antes de acariciarlo (ayuda a evitar que salte sobre las personas) o antes de darle su alimento. Dele una palmadita o diga “buen perro” cuando descanse tranquilamente a sus pies, o deslice un premio en su juguete Kong cuando lo elija para mascar en vez de un zapato.

El castigo, ya sea verbal, postural o físico, es la presentación de algo desagradable que llega inmediatamente después de un comportamiento, lo que hace menos probable que el comportamiento vuelva a ocurrir. Para que resulte efectivamente, el castigo debe aplicarse mientras su mascota muestre el comportamiento indeseable; en otras palabras, cuando es “atrapado en el acto”. Si el castigo se aplica demasiado tarde, su mascota sentirá que “le tendieron una trampa”. Desde su punto de vista, el castigo es totalmente impredecible, y es probable que llegue a hacerla temerosa, desconfiada o agresiva. Esto solo conducirá a más problemas de comportamiento. Lo que los humanos interpretan como una mirada “culposa” es, en realidad, una postura sumisa que asumen nuestras mascotas. Los animales no tienen un sentido moral del bien y del mal, pero son expertos en asociar su presencia y la presencia de un desastre con el castigo.

Si ya ha intentado el castigo sin éxito, definitivamente debe dejar de usarlo y, en cambio, utilizar el refuerzo positivo. Por lo general, el castigo físico implica algún nivel de malestar o incluso dolor, por lo que es probable que su mascota tienda morder, ya que es la única manera que conoce para defenderse.

Puede ser que lo muerda si lo agarra del cuello o lo somete en el suelo contra su voluntad, en especial, si el perro no percibe que usted es su superior. Además, podría asociar el castigo con otros estímulos, incluso personas, que estén presentes cuando es castigado. Por ejemplo, si castiga a su mascota por acercarse demasiado a un niño pequeño, puede sentir miedo o agresividad hacia ese niño.